Según Adam Smith (muuuy sintéticamente) la mejor manera de que una sociedad o grupo progrese es que cada integrante trate de lograr lo mejor para sí mismo. Según Carlos Marx (resumidísimo) la mejor manera es que el individuo ponga todas sus energías en función del grupo. En las argumentaciones de Smith se recuestan todas las teorías liberales y en las ideas de Marx las socialistas, ambas con sus variantes e innumerables interpretaciones.
El mundo lleva alrededor de 3 siglos debatiéndose entre estas dos posturas. Sin embargo, a mediados del siglo 20 el profesor Nash presentó una hipótesis peculiar, afirmó que la mejor manera de que un grupo o sociedad alcance sus objetivos es que cada integrante trabaje en pos de lo mejor posible para sí mismo y para el grupo.
Esta teoría pareciera entrar en conflicto con la naturaleza humana. Sin embargo, esta percepción es atribuible a inducciones culturales. De hecho, uno de los principales temas de debate en la filosofía (y en la Economía y en la Antropología y en la Política…) es dirimir qué cosas y en qué grado son producto de la naturaleza humana o de la influencia ambiental en las conductas humanas.
En “la mano de Dios” el árbitro priorizó el trabajo en equipo por sobre su tarea individual. Suele ser lo más acertado, pero al desviar la mirada de la jugada para asegurarse de que su compañero no cometiera un error grave, no pudo ver la mano de Diego y cometió un error mayor. Aquí no se trata de la esencia del concepto de “trabajo en equipo” sino de la técnica individual para hacerlo de la mejor manera posible para el bien de sí mismo y la terna (y el partido).
El árbitro debió haber seguido con la jugada aún a sabiendas de que su compañero tenía importantes chances de cometer un error dado que Maradona estaba en clara posición fuera de juego pero el balón había sido impulsado por un defensor. Si hubiera confiado más en su asistente y hubiera retrasado el instante de hacer contacto visual con éste, probablemente hubiera visto la mano o cualquier otra infracción que se hubiera producido. Al fin y al cabo era más conflictiva la posibilidad de una infracción física dentro del área penal que un fuera de juego mal marcado. No parece tan grave dejar esperando al compañero por un par de segundos con la bandera levantada.
Hay que reconocer que en la cancha parece mucho más difícil que en el papel hacer un listado rápido de los potenciales conflictos y decidir en cuáles de ellos centrar la atención en primer orden, tomando en cuenta que hay que hacerlo en milésimas de segundo, pero estoy seguro de que un buen instructor sabrá encontrar la manera de hacer ejercitar a los árbitros la toma de decisiones en situaciones de esta índole hasta llegar al punto en que la determinación de prioridades sea casi automática.